En estos tres últimos meses, desde que comenzó el famoso «confinamiento» #QuedateEnCasa, las clases presenciales quedaron en el olvido. Como una tormenta de verano, los profes, los alumnos y las familias hemos sufrido una «transformacón» en nuestros hábitos personales, académicos y profesionales. De la noche a la mañana hemos tenido que «reinventarnos». Y no lo hemos hecho tan mal…

Yo soy profe. Doy clases en un instituto a alumnos de segundo de bachillerato (Psicología) y a alumnos de ciclo formativo de grado medio (Atención a Personas en Situación de Dependencia). Como bien indica la imagen del artículo… «ése» ha sido mi despacho, mi aula, mi departamento… hasta el día de hoy. Los términos «classroom», «google meet», «moodle», «google form», «email»… han ocupado gran parte de mi repertorio lingüístico y cotidiano. La idea de  «salir de la zona de confort» se ha aplicado literalmente, poniéndo en práctica todos mis recursos personales y profesionales para adaptarme a esta situación.

 

 

Ciertamente, tenía una «carta guardada»… Mi alumnado llevaba trabajando telemáticamente (b-learning) varios meses, utilizando esas mismas herramientas, compaginándolas con las clases presenciales, por lo que la adaptación obligada no ha sido tan drástica.

Si tengo que destacar varios aspectos en estos tres meses, han sido:

  1. La implicación y adaptación del alumnado a la «nueva realidad educativa»: se han adaptado perfectamente, con diferentes ritmos y competencias, pero han alcanzado sus objetivos (por supuesto, los que iban mal y no asistían a clase… han seguido la misma línea).
  2. El trabajo cooperativo del profesorado: mis compis y yo hemos seguido trabajando telemáticamente y con videoconferencias, incluso organizando un Proyecto Integrado para la Formación en Centros de Trabajo de nuestras alumnas de segundo curso, siguiendo las Instrucciones pertinentes.
  3. La reflexión que cada uno/a hemos hecho de nuestra labor docente: hemos tenido muchos debates, comentarios, críticas sobre la situación actual de nuestro sistema educativo, y eso también nos ha enriquecido; a mí, me ha aportado una nueva perspectiva de la formación profesional, donde los recursos personales y tecnológicos tienen que caminar juntos.

 

 

En mi labor docente, tengo claro que los resultados de aprendizaje de mi alumnado tienen que estar bien coordinados y planificados, incluyendo recursos humanos y tecnológicos acordes con la realidad social y el mundo digital donde nos movemos. Sin embargo, también considero muy importante incluir una buena organización de nuestro tiempo libre y de ocio… ese tiempo «para uno mismo/a», para asegurarnos un equilibrio emocional necesario para afrontar los retos que se nos presentan cada día.

Para que me conozcáis un «poquito». Me encanta estar en familia, las nuevas tecnologías y disfrutar del aire libre. Odio las aglomeraciones, los atasco y las prisas. Me gusta una buena música y la buena compañía. Soy un «friki» de las nuevas tecnologías y me encanta innovar y ayudar a los demás.